lunes, 13 de diciembre de 2010

Doce poemas de Miguel Hernández XII

El final de este pequeño muestrario por la vida y obra del poeta alicantino queremos hacerlo con uno de sus poemas más conocidos y recitados, pero la popularidad no le quita valor a un poema excelente por donde se lo coja, es probablemente que se puede ser más preciosista con la poesía o mas lírico, o incluso más musical, pero no creo que se pueda ser más contundente, que nadie con tan poco, con un puñado de palabras, pueda decir tanto y tan claramente.
"Llegó con tres heridas..." publicado en el "Cancionero y romancero de ausencias" hoy es un himno poético, lúcido, sintético y hasta filosófico, el poema es una gran metáfora de la vida y todo un resumen de la obra de Hernández.
gracias por vuestra compañía en este recorrido.

Llegó con tres heridas:

la del amor,

la de la muerte,

la de la vida.

Con tres heridas viene:

la de la vida,

la del amor,

la de la muerte.

Con tres heridas yo:

la de la vida,

la de la muerte,

la del amor.

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domingo, 21 de noviembre de 2010

Poema del mes: Suelo

Dados los excelentes comentarios al poema del mes de Octubre hemos decidido, como ya hicimos con Montalbán (Enero y Febrero), repetir poeta este mes. Comentamos en el post del mes anterior que Pedro Salinas es famoso más que nada por su poesía amorosa. Como los tópicos están también para ser rebatidos, el poema de este mes no tiene nada que ver con el amor (si es que hay algo que no tenga nada que ver con el amor, claro). Es un poema corto, preciso, rotundo, derroche de ritmo que queda retumbando en la cabeza, esperemos que por lo menos un rato... esperamos comentarios, que los merece.

Suelo. Nada más.
Suelo. Nada menos.
Y que te baste con eso.
Porque en el suelo los pies hincados,
en los pies torso derecho,
en el torso la testa firme,
y allá, al socaire de la frente,
la idea pura, y en la idea pura
el mañana, la llave
-mañana- de lo eterno.
Suelo. Ni más ni menos.
Y que te baste con eso.

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martes, 2 de noviembre de 2010

doce poemas de Miguel Hernández XI

Hernández emociona y pone los pelos de punta con su poética sentida, contagia y arenga a sus compañeros en el frente y en la retaguardia, es época de propaganda de guerra y el poeta alicantino lo hace utilizando todas la armas (las de fuego y las de tinta). Desarrolla una vasta obra para los teatros locales donde pide compromiso a los pasivos españoles y paciencia y cariño a las madres y esposas estoicas en las espera. Poéticamente, ya lo sabemos, son tiempos de "Vientos del Pueblo" un poemario visceral y necesario de extensísimos poemas de aliento, urgentes, con un "gran sujeto lírico" que es el Yo Soldado, que es él mismo y todos, y con un gran canto desde el dolor y la guerra a la esperanza, en la que Hernández cree, al menos por ahora, la esperanza de victoria, pero también la de la paz y la justicia social que persigue.

La canción del esposo soldado es una verdadera muestra en frasco chico de toda esa idea, que queremos compartir hoy en nuestra penúltima entrega de este pequeño homenaje.


He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mi como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo.
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas,
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

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jueves, 14 de octubre de 2010

Poema del mes: Para vivir no quiero

En el poema del mes pasado Martí i Pol trataba el tema de la identidad y de la herencia adquirida. En el poema de este mes, continuamos de alguna manera con este tema, desde un punto más íntimo (si cabe) y con un giro al tema del amor. Ciertamente, Pedro Salinas (1891-1951), integrante de la conocida como generación del 27 o generación de la república, es famoso por sus poesía amorosa. El poemario La voz a ti debida, al cual pertenece el poema que presentamos hoy, es tal vez su obra más conocida. Esperamos que os guste y que podamos comentarlo.

Para vivir no quiero...


Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

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martes, 28 de septiembre de 2010

Doce Poemas de Miguel Hernández IX


Desde el dolor

Cancionero y romancero de ausencias” es el último y póstumo libro que nos deja el repaso por la obra de Miguel Hernández, escrito íntegramente desde prisión, se cree que entre el ’38 y el ’41, es un poemario que nace desde el desconsuelo. Preso se entera el poeta de la muerte de su hijo, el inevitable final desalentador de la Guerra, la ausencia de amigos, la cárcel, la condena a muerte y la enfermedad le cercan por todos los frentes, el Yo Colectivo de “Viento del pueblo” y “El hombre acecha” desaparece en detrimento de un de un Yo individual mucho más lírico, recluido y privado. En principio, Hernández nos deja más de 130 poemas (hay editores que establecen unos 137) escritos con cierto animo de diario íntimo entre los que contamos entre otros con Nanas de la cebolla, o Menos tu vientre; el amor, la muerte, la guerra como experiencia intensas lo llevan a unas formas más nostálgicas y por qué no más tradicionales.
De este extensísimo poemario escogemos dos poemas breves y profundos, uno extremadamente bonito, suave con ese ritmo de canción que lo hace muy fácil de leer; el segundo pertenece quizás al grupo de los más internos, crudos e individuales del poeta, tanto que según los biógrafos estaba tachado entre los papeles originales por el propio Hernández.

(Besarse, mujer)

Besarse, mujer,
al sol, es besarnos
en toda la vida.
Asciende los labios,
eléctricamente
vibrantes de rayos,
con todo el furor
de un sol entre cuatro.
Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte:
descienden los labios,
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
del labio de arriba,
del labio de abajo,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.

Casa Cerrada

El hijo muerto no cierra las puertas.
El marido ausente, sí.
Ausentes del corazón,
ausentes de mí.

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martes, 14 de septiembre de 2010

Poema del mes: He heretat l'esperança

En aquests temps de banderes i exhaltació de les diferències, és un bon moment per recordar que la literatura, sobretot la poesia, és un llenguatge universal on tot i tothom hi té cabuda. Aquesta universalitat, a més, no està renyida amb el més íntim de cada individu. Un bon exemple és aquest poema de Miquel Martí i Pol (1929 - 2003), un dels poetes més populars i estimats de Catalunya. La franquesa amb la que ens parla (casi sembla que ens xiuxiueja), la cadència dels versos simples i mesurats, no resta ni un gram de la grandesa del seu misstage, incorruptible i diàfan i a la vegada tan poètic. Hem de disfrutar i agrair la veu clara dels poetes.

He heretat l'esperança


He heretat l’esperança dels avis
i la paciència dels pares.

I de tots dos, els mots
dels quals ara em serveixo
per parlar-vos.

M’han dit que la naixença em dóna drets
inviolables.
Però jo sóc poruc i sempre em sento
una mica eixalat i solitari.

Visc en un poble petit,
en un país petit
i, tanmateix, vull que quedi ben clar
que això que escric ho escric per a tothom,
i per mi és com si el món sencer
girés entorn de l’eix dels meus poemes.

Vagarejo tot sol pels carrers en silenci
i cada vespre escolto el cant de les sirenes
des del terrat de casa.

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viernes, 6 de agosto de 2010

Doce poemas de Miguel Hernández VII

El Hombre Acecha

Si "Viento de Pueblo" es el poemario visceral y sanguíneo, con el que Hernández nos muestra su lado más social y combativo, su ideología política y de vida; que responde a un momento histórico del poeta y de la realidad que lo rodea: La Guerra civil y la vida en el frente; "El Hombre Acecha" ya es más "meditado" y afligido, el conflicto a diezmado a España, han caído muchos amigos, y el joven, aun muy joven, poeta, ha visto el horror cara a cara. Los poemas no dejan de combativos, políticos y sociales, pero la voz poética a cambiado, como así a quién va dirigida la obra, ya no es al español republicano si no al hombre en sí, a la raza humana a la víctima y al victimario que no son sino el mismo.
El libro consta de 19 poemas, fue escrito sobre finales de guerra, entre el '38 y el '39, pero no vio luz al completo hasta 1981. Hernández guardó los escritos y los revisó hasta sus últimos días. Uno de los poemas más clarificantes de la obra es la canción que abre el poemario (que también se cierra con otra canción desgarradora) esta es la "Canción inicial" donde se evidencia lo dicho en el párrafo anterior, las alusiones a la congoja que tiene el poeta, al desencanto hacia el hombre, al agobio por tanta guerra y tanta muerte...


CANCION PRIMERA

Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse
crispadamente al hombre.

¡Qué abismo entre el olivo
y el hombre se descubre!

El animal que canta:
el animal que puede
llorar y echar raíces,
rememoró sus garras.

Garras que revestía
de suavidad y flores,
pero que, al fin, desnuda
en toda su crueldad.

Crepitan en mis manos.
Aparta de ellas, hijo.
Estoy dispuesto a hundirlas,
dispuesto a proyectarlas
sobre tu carne leve.

He regresado al tigre.
Aparta o te destrozo.

Hoy el amor es muerte,
y el hombre acecha al hombre.

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sábado, 17 de julio de 2010

Poema del mes: Una larga espera

Llega el verano y para muchos eso significa vacaciones, y para muchos eso significa viajar. Los poemas que evocan lugares (o momento históricos específicos) se disfrutan más cuando esos lugares (o esos momentos) se han vivido. Para contentar a la mayoría este poema transita muchos lugares del mundo, en muchos viajes que al final son un sólo viaje. El poema se titula "Una larga espera", de Juan Luis Panero, miembro de la conocida saga de poetas de la misma familia. Disfrutad de vuestros viajes (si los hacéis) y de este poema: si la primera parte es evocadora, la segunda es devastadora.


Una larga espera

Alguien te espera en la terraza de un café, en Venecia,
mientras se pierde, desterrada por el golpeteo de la lluvia,
la música de una pequeña orquesta.
Alguien te espera en el caluroso camarote de un barco
viendo amanecer sobre los minaretes de Alejandría.
Alguien te espera, con un vaso en la mano y un cuerpo cerca,
⎯la lluvia aburriendo los cristales⎯
en una habitación de Hans Road, en Londres.
Alguien te espera, desnudo, en un cuarto art nouveau de París
⎯entra una luz borrosa a través de la ventana¬⎯.
Alguien en una esquina dorada por el sol,
cerca de Chapultepec, en Ciudad de México.
Alguien te espera, en otro camarote caluroso, mirando
atardecer sobre las olas del Caribe.
Alguien junto a la chimenea apagada en un piso de Bogotá,
con el aliento helado, en las orillas del Hudson, en Nueva York,
en la terraza de un hotel de Taxco
y en otra terraza, donde ladran unos perros, en Madrid.
Alguien te espera en la noche de Granada y en la madrugada de Veracruz,
recorriendo Lisboa desde el alto de la Serafina
y San Francisco desde Russian Hill.
Alguien te espera ⎯hace mucho tiempo⎯
entre los viejos muros de una casa de Astorga
y haciendo el amor sobre la arena de una playa perdida.
Alguien te espera, espera con impaciencia tus noticias,
en repetidas habitaciones de apartamentos, en monótonos cuartos de hotel.
Y tú deberías avisarle, decirle de una vez la verdad,
que no puedes volver, que ya no tienes tiempo,
que es mejor cancelar la cita para siempre.
Pero no lo harás y él te seguirá esperando
soñando cada sitio como si tú estuvieras por llegar,
repitiendo las mismas frases en los antiguos escenarios.
Hasta que un día se canse de esperarte
y piense que tú ya no vendrás, que tal vez hayas muerto.
Ese día, poco antes de dormirse, cuando maldiga
tanto tiempo perdido, su agotada paciencia,
podrá leer ⎯escrita en las paredes⎯ la esperada noticia de tu muerte.

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martes, 6 de julio de 2010

Doce poemas de Miguel Hernández V

Cuando estalla la Guerra Civil Española, Miguel Hernández toma parte inmediatamente del lado de la República, hasta el punto de alistarse para ir al frente. Durante la efervescencia de los primeros meses de guerra e influido por el espíritu libertario, escribe los poemas que conformarán "Vientos del pueblo". Son poemas de barricada, de arenga, capaces de inflamar el pecho del que los escucha. Durante mucho tiempo estos poemas fueron los más conocidos del poeta de Orihuela.
Como ejemplo el que presentamos hoy: en Mayo de 1991 Rafael Alberti a la lectura y Paco Ibáñez cantando y a la guitarra dieron un recital de poesía en que repasaban la poesía española de todos los tiempos. Al llegar al siglo veinte no pudieron menos que homenajear a Miguel Hernández, eligiendo un poema de Vientos del Pueblo. Os dejamos aquí el texto y el audio de Alberti recitándolo, sin duda un documento sonoro al nivel que el mismo poema.


Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hombre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.

Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.

Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.

Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.

Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.


Audio del poema, recitado por Rafael Alberti.


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jueves, 10 de junio de 2010

Poema del Mes: En invierno, la lluvia dulce en los parabrisas...

Pere Gimferrer es uno de los grandes poetas que quedan en activo. Su trayectoria es sólida y un tanto particular: nacido en 1945, joven prometedor y precoz, integrante de la famosa antología Nueve Novísimos Poetas Española llevada a cabo por Castellet en 1970, discípulo y amigo de Aleixandre. Desde 1970 hasta 2006 publicó solamente poemarios en catalán. Miembro de la Real Academia Española desde 1985. Cinéfilo empedernido. Personaje de la cultura barcelonesa (como dijo Montalbán: “Gimferrer ha accedido a la condición de emblema de una cultura poética nacional”). Los poemas de sus primeros libros (Arde el mar, La muerte en Beverly Hills) están llenos de sensaciones e imágenes que podemos considerar modernas en las letras españolas, alejada a la vez de la poesía social y de la poesía urbana cultivada desde el final de la guerra hasta los años sesenta. Además este poema (¿o son dos poemas?) del libro La muerte en Beverly Hills (1968) tiene un inicio con tanto ritmo que si se recita en voz alta es casi como cantar. Luego el torrente del propio poema nos lleva hacia todos esos lugares que sólo se pueden describir en un verso. Esperamos que os guste, tanto si sí como si no, dejad un comentario.


En invierno, la lluvia dulce en los parabrisas...

En invierno, la lluvia dulce en los parabrisas, las carreteras
brillando hacia el océano,
la viajera de los guantes rosa, oh mi desfallecido corazón, clavel
en la solapa del smoking,
muerto bajo el aullido de la noche insaciable, los lotos en la niebla,
el erizo de mar al fondo del armario,
el viento que recorre los pasillos y no se cansa de pronunciar
tu nombre.

Ella venía por la acera, desde el destello azul de Central Park.
¡Cómo me dolía el pecho sólo con verla pasar!
Sonrisa de azucena, ojos de garza, mi amor,
entre el humo del snack te veía pasar yo.
¡Oh música, oh juventud, oh bullicioso champán!
(Y tu cuerpo como un blanco ramillete de azahar...)


Los jardines del barrio residencial, rodeados de verjas,
silenciosos, dorados, esperan.
Con el viento que agita los visillos viene un suspiro de
sirenas nevadas.

Todas las noches, en el snack,
mis ojos febriles la vieron pasar.
Todo el invierno que pasé en New York
mis ojos la buscaban entre nieve y neón.


Las oficinas de los aeropuertos, con sus luces de clínica.
El paraíso, los labios pintados, las uñas pintadas, la sonrisa,
las rubias platino, los escotes, el mar verde y oscuro.
Una espada en la helada tiniebla, un jazmín detenido
en el tiempo.
Así llega, como un áncora descendiendo entre luminosos
arrecifes,
la muerte.

Se empañaban los cristales con el frío de New York.
¡Patinando en Central Park sería un cisne mi amor!


Los asesinos llevan zapatos de charol. Fuman rubio, sonríen.
Disparan.
La orquesta tiene un saxo, un batería, un pianista. Los cantantes.
Hay un número de strip-tease y un prestidigitador.
Aquella noche llovía al salir. El cielo era de cobre y luz
magnética.

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miércoles, 12 de mayo de 2010

doce poemas de Miguel Hernández IV

El Rayo que no cesa

Poco antes de la guerra civil, llegará El rayo que no cesa, para algunos, la obra más acabada de Miguel Hernández. Es un poemario compuesto básicamente por sonetos y que muestra su cambio defintivo: de su poesía religiosa y de orientación clasicista a las formas poéticas de vanguardia. Y es que en la vida y en la obra de Miguel todo ocurre de forma rápida e intensa: sus momentos vitales, sus cambios de orientación política, sus etapas creativas....
Cómo diria Juan Ramon Jiménez: “El rayo que no cesa es Miguel Hernández mismo. Si sigue así este rayo, ¿dónde llegará él, dónde llegará, con él, la poesía española de nuestro siglo?”. La guerra y sus cárceles no nos dejarán responder a esta pregunta.
Pero justamente El rayo que no cesa es una muestra de esa intensidad, a veces incluso violenta. Un poemario dedicado al amor, pero también a la muerte y al dolor, con la simbología del rayo como una fuerza que atraviesa cada uno de los poemas.
Aquí os dejo el segundo poema que justamente es una muestra de esa pasión que habita en el corazón del poeta, remueve sus entrañas y contamina al que lo lee.

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

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viernes, 16 de abril de 2010

Poema del mes: CONTRA-ORDEN

Se conoce como “poética” a un poema cuyo tema central es la poesía misma. Mucho se ha teorizado sobre el fascinante hecho de escribir, sin embargo, ¿qué mejor aproximación a la poesía que un poema mismo? Hay muchas y muy variadas poéticas, para este mes hemos elegido una del recientemente fallecido Ángel González (1925 – 2008) en la que nos deja clara su postura ante el hecho poético, bastante alejada de lo que históricamente el público asume que es creación poética. Además lo hace de una forma devastadora. Esperamos que os llame la atención y vuestros comentarios.


CONTRA-ORDEN (POÉTICA por la que me pronuncio ciertos días)


Esto es un poema.


Aquí está permitido

fijar carteles,

tirar escombros, hacer aguas

y escribir frases como:


Marica el que lo lea,

Amo a Irma,

Muera el…(siencio),

Arena gratis,

Asesinos,

etcétera.


Esto es un poema.

Mantén sucia la estrofa.

Escupe dentro.


Responsable la tarde que no acaba,

el tedio de este día,

la indeformable estolidez del tiempo.

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viernes, 2 de abril de 2010

doce poemas de Miguel Hernández III

Sabida es la lucidez poética de Miguel Hernández y su naturaleza ecléctica, también fuimos develando a lo largo de los anteriores poemas y cartas que están publicadas del poeta que existía una necesidad intrínseca relacionada a su don natural; él quería abandonar su vida cabrera de la mano de la poesía, y en ese camino, exploró varios campos, a su primer viaje a Madrid, previamente a "Perito en Lunas", lleva un manojo de poemas muy locales que no son bien recibidos por la vanguardia cultural, ni en lo ámbitos literarios, a su vuelta entre la desilución y la rabia escribe ya con los tópicos de la época el poemario (1933) que es prologado y publicado por Ramón Sijé (hecho muy significativo y nada casual) a este libro le sigue un largo silencio en el que Hernández escribe sus poemas más variados (la mayoría de ellos quedaron muchos años sin publicar y sólo un puñado fueron escogidos y corregidos por el Hernández adulto para su publicación: octavas reales, décimas guillenianas, sonetos clásicos, poemas de amor y algún atisbo de lo que será su poetica comprometida y lúcida de la mano de Residencia en la Tierra de Neruda, que llegará algunos años más tarde) aquí vale preguntarse si esa diversidad poetica era producto de su busqueda de madurez poética o simplemente una desesperada busqueda del complice o padrino que le ayude a salir de ese mundo que detesta. Los críticos con el pasar del tiempo fueron reagrupando esos poemas sueltos como silbos, y uno de ellos, el mas curioso y desconocido quizás del poeta oriolano, está dedicado a su cristanismo primitivo y de éste es tomado el soneto que compartimos con vosotros.

A MARIA SANTÍSIMA
(En el de la Asunción)

¡Tú! Que eras ya subida soberana,
de subir acabaste. Ave sin pío
nacida para el vuelo y la luz, ya río,
ya nube, ya palmera, ya campana.

La pureza de lilio sintió frío;
y aquel preliminar de la mañana
aire ¡tan cancelado! en tu ventana,
sin tu aliento ni olor quedó vacío.

¡Todo! Te echa de menos: ¿qué azucena?
no ve su soledad sin tu compaña,
ve su comparación sin Ti en el huerto…

Quedó la nieve, sin candor, con pena,
musitándole el perfil a la montaña;
subiste más, y viste el cielo abierto.

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miércoles, 17 de marzo de 2010

Poema del mes: Una noche fría el físico explica

Hace un par de años leí un poema suelto en un periódico. Por alguna razón (supongo que la misma razón misteriosa que me lleva, por ejemplo, a colaborar con este blog) se me quedó un verso en la cabeza. Uno de esos versos latentes que te acompañan y que sabes que te dicen algo que tienes que ir rumiando poco a poco. Claro, me acordaba sólo vagamente del resto del poema, pero como hoy por hoy en internet se encuentra todo, tecleé dicho verso (más o menos como lo recordaba) y encontré el poema. No os puedo dar muchos detalles del autor (quizás algún visitante nos pueda ayudar, ya sabéis que esperamos vuestros comentarios), sólo se qué se llama William Wadsworth (no confundir con William Wordsworth, famoso romántico inglés) y que la traducción es de una tal Jeanette L. Clariond (algún otro día podemos comentar esto de las traducciones de los poemas, tema singular). Ahí lo dejo… por cierto, el verso que se me quedó es el último.

Una noche fría el físico explica

que todo se equilibra, excepto las pequeñas pérdidas

de calor registradas en el transcurso de todo intercambio

de información. Anfitrión angélico, aguarda

a la entrada sacudiendo partículas de nieve

de los hombros de los invitados, cada uno específicamente

sumado a la función para luego restarse

de la posibilidad más fría de la noche.


Einstein él nos dice en su exposición,

entibiando sus alas frente a la chimenea,

su fe inflamada ante la triste conclusión de que x

debe ser igual a más de lo que jamás sabremos,

creyó que dos naturalezas complementarias —llevadas

a los extremos más distantes del universo—

pueden intercambiar aquello que los complementa en un

instante inconsútil.


Mas nadie lo ha comprobado; nuestros instrumentos

carecen del tiempo y del mundo necesarios para demostrar

la lógica angélica. Aún así Einstein advirtió:

Miro tu mirada a través de la habitación

y en esa mirada conjugamos cada instante

del tiempo presente. A través de este espacio exterior

intercambiamos pérdidas involuntarias de calor.


Mientras uno a otro nos miramos las alas,

otros comen y beben para colmar el silencio

que viaja desde las solitarias nebulosas

hasta desvanecerse en destellos

de conversación y constelaciones de viandas.

Pero entre tú y yo, el silencio evidencia

nuestro amor por leyes que no se pueden romper, ni probar.

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jueves, 4 de marzo de 2010

doce poemas de Miguel Hernández II

Primer viaje a Madrid

No es feliz en su primera estadía en la capital. En apenas 5 meses reconoce el duro camino de la literatura y lo difícil que resulta vivir de ella. El viaje es antecedido por una carta elocuente que le dirige a Juan Ramón Jimenez (la epístola está fechada en noviembre del '31 y no se conoce respuesta ni concecuencia alguna) pidiéndole asilo y manutención durante su estadía en Madrid.
Hernández descubre, ya en la capital, la impronta poética del momento (la que luego sería uno de los factores comunes de la Generación) a la que se adscribe casi inmediatemente, y que a su vuelta a Orihuela plasmará en "Perito en lunas"
Este es un poemario curioso incluso para la época, se compone de 42 octavas reales sin títulos ni separaciones en su primera edición (luego esto es modificado por el poeta y más a delante también por la crítica y las ediciones), lo que daba la idea de estar frente a un extenso poema continuo de una influencia gongorina ineludible, culta y compleja, pero, a pesar de ello, con una adaptación llamativa al mundo personal y local de la vida oriolana, su realidad, sus costumbres y su entorno. Aunque la primera edición cuenta con el prólogo de Ramón Sijé, no recibe reconociento alguno, desatando la ira poética de Hernández (demostrado en más de una carta a Lorca) y un dolor importante en su orgullo personal, que será motor se sus siguienetes versos.
Dejamos dos octavas del poemario, (que publicamos tal y como lo hizo Hernández en su edición inicial, sin numerar ni nombrar) Toro y Torero en palabras del poeta ante las luces de la luna.
..
.
.
. ¡A la gloria, a la gloria toreadores!
. La hora es de mi luna menos cuarto.
. Émulos imprudentes del lagarto,
. magnificáos el lomo de colores.
. Por el arco, contra los picadores,
. del cuerno, flecha, a dispararme parto.
. ¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,
. -golfo de arena,- en mis bigotes de oro!
.
.
.
......Por el lugar mejor de tu persona,
......donde capullo tórnase la seda,
......fiel de tu peso alternativo queda,
......y de liras el alma te corona.
......¡Ya te lunaste! Y cuanto más se encona,
......más. Y más te hace eje de la rueda
......de arena, que desprecia mientras junta
......todo tu oro desde punta a punta.

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lunes, 15 de febrero de 2010

Poema del mes: Reflexión moral sobre la anatomía

Debido a la gran expectación creada con el anterior poema de Montalbán (los 8 comentarios al respecto son un récord en este blog), este mes presentamos otro poema del autor catalán. Uno de esos poemas muy montalbanianos, con su título académico (inronico?), su catarata de imágenes, y uno de esos finales que te dejan, como él mismo diría, “en las fauces del absoluto”. Es del poemario titulado “A la sombra de las muchachas sin flor” (1973). Os va a encatar.

Reflexión moral sobre la anatomía

Hay mujeres que hacen daño
en el pecho del que muere
                                                      al contemplar
la contención exacta de su carne
                                                                la refrigeración
blanda de sus cabellos limpios
y el pretexto caedizo de sus ropas

                                                                       otras
tienen los ojos tristes pero hermosos
o un bello lomo para un torpe frente
                                                                       o dos piernas
sin cansancio muscular columnas
                                                               de seguro cielo

otras sólo tienen
dos senos a punto de abrirse por su peso
de fruta para labios agostados
                                                             para manos
sin otro mundo que llevarse al alma

                                                                    y en ocasiones
sólo un seno es hermoso sólo un hombro
sólo un vencimiento de la piel
                                                     sólo los labios

pero siempre hay un hombre enamorado de tanto o de tan poco
enamorado fugaz o consecuente ama
las pequeñas patrias de una noche
                                                                         sin clarines
frente a unos párpados cerrados murmullos
fracasadas sintaxis

                                         respetad las plantas
y los cuerpos donde el deseo se descansa
del infinito miedo a todos los olvidos.

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lunes, 1 de febrero de 2010

doce poemas de Miguel Hernández I

Este año, desde serendipia blog literario, lo dedicamos a Miguel Hernández. Ofreceremos un poema al mes de este poeta que unió su vida y su obra de una manera elocuente. A lo largo de este camino intentaremos abarcar su obra y ciertos aspectos de su vida política.


Infancia: El poeta cabrero
Nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910 en el seno de una familia humilde. En su infancia se dedicó a cuidar cabras por encargo de su padre. Ya muy joven contrasta la estrechez católica de la sociedad con la voluptuosidad del paisaje local, que junto con la rudeza de su padre y la ternura de su madre serán los matices que influirán en su obra.

“Hermanita muerta” es un poema escrito entre el año 1932 y 1935, donde se ve la impronta de su infancia, de Orihuela y de la moral cristiana. Estos son factores determinantes de esta etapa creativa que junto a temáticas recurrentes como la higuera, el limonero, el almendro, las cabras, el toro y la vida pastoril conformarán el eje previo al “Rayo que no cesa” (1935)


Hermanita muerta


(Orinaban
las aves
el alba).
Las vecinas
vertían
un llanto
de rigor.
Armadas
de pañuelos
sobre mi madre,
que se había
desalumbrado
más.
Una vía láctea
de diamelas
culebreaba
en la mesa
sobre la que
la niña
se veía,
con un motín
de rosas
encima de
los pómulos,
a través de
su caja
de vidrio,
que la fingía
ahogada
en un diamante
fino.

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domingo, 17 de enero de 2010

El poema del mes: Verano y humo

Manuel Vázquez Montalbán (1939 – 2003) es conocido por su labor de ensayista, periodista (incluso deportivo), gastrónomo y principalmente novelista (especialmente la serie Carvalho). Sin embargo, no es tan común que se hable de él como poeta, aunque en ese ámbido tambié fue reconocido y admirado (integrante de la influyente antología de Josep Maria Castellet Nueve novísimos poetas españoles, 1970) del que se destaca su ironía, su capacidad crítica y testimonial. Para este mes hemos escogido este pequeño poema, meláncolico y evocador, a ver qué os parece.

Verano y humo

Ya sabemos lo que cuesta
vencer la resistencia tenaz
de dos piernas unidas
                                        el sabor
de algún aliento amargó el aire
de madrugada en nuestras fauces
y el cuerpo resultó torpe al despertar
o se quejó triste por un frío olvidado

y sin embargo
más de una vez se nos otoñizan los árboles,
brilla la calle bajo la lluvia amarilla,
damos lumbre a un paseante solitario
por el puerto
                              y silbamos una melodía
ramplona, ya tarde, cuando los veleros
mienten puertos ansiados y el aire
salino no pregunta
                                        ¿quién,
quién no teme perder lo que no ama?

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