domingo, 21 de noviembre de 2010

Poema del mes: Suelo

Dados los excelentes comentarios al poema del mes de Octubre hemos decidido, como ya hicimos con Montalbán (Enero y Febrero), repetir poeta este mes. Comentamos en el post del mes anterior que Pedro Salinas es famoso más que nada por su poesía amorosa. Como los tópicos están también para ser rebatidos, el poema de este mes no tiene nada que ver con el amor (si es que hay algo que no tenga nada que ver con el amor, claro). Es un poema corto, preciso, rotundo, derroche de ritmo que queda retumbando en la cabeza, esperemos que por lo menos un rato... esperamos comentarios, que los merece.

Suelo. Nada más.
Suelo. Nada menos.
Y que te baste con eso.
Porque en el suelo los pies hincados,
en los pies torso derecho,
en el torso la testa firme,
y allá, al socaire de la frente,
la idea pura, y en la idea pura
el mañana, la llave
-mañana- de lo eterno.
Suelo. Ni más ni menos.
Y que te baste con eso.

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martes, 2 de noviembre de 2010

doce poemas de Miguel Hernández XI

Hernández emociona y pone los pelos de punta con su poética sentida, contagia y arenga a sus compañeros en el frente y en la retaguardia, es época de propaganda de guerra y el poeta alicantino lo hace utilizando todas la armas (las de fuego y las de tinta). Desarrolla una vasta obra para los teatros locales donde pide compromiso a los pasivos españoles y paciencia y cariño a las madres y esposas estoicas en las espera. Poéticamente, ya lo sabemos, son tiempos de "Vientos del Pueblo" un poemario visceral y necesario de extensísimos poemas de aliento, urgentes, con un "gran sujeto lírico" que es el Yo Soldado, que es él mismo y todos, y con un gran canto desde el dolor y la guerra a la esperanza, en la que Hernández cree, al menos por ahora, la esperanza de victoria, pero también la de la paz y la justicia social que persigue.

La canción del esposo soldado es una verdadera muestra en frasco chico de toda esa idea, que queremos compartir hoy en nuestra penúltima entrega de este pequeño homenaje.


He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mi dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mi como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo.
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano.
Y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas,
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

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