miércoles, 17 de marzo de 2010

Poema del mes: Una noche fría el físico explica

Hace un par de años leí un poema suelto en un periódico. Por alguna razón (supongo que la misma razón misteriosa que me lleva, por ejemplo, a colaborar con este blog) se me quedó un verso en la cabeza. Uno de esos versos latentes que te acompañan y que sabes que te dicen algo que tienes que ir rumiando poco a poco. Claro, me acordaba sólo vagamente del resto del poema, pero como hoy por hoy en internet se encuentra todo, tecleé dicho verso (más o menos como lo recordaba) y encontré el poema. No os puedo dar muchos detalles del autor (quizás algún visitante nos pueda ayudar, ya sabéis que esperamos vuestros comentarios), sólo se qué se llama William Wadsworth (no confundir con William Wordsworth, famoso romántico inglés) y que la traducción es de una tal Jeanette L. Clariond (algún otro día podemos comentar esto de las traducciones de los poemas, tema singular). Ahí lo dejo… por cierto, el verso que se me quedó es el último.

Una noche fría el físico explica

que todo se equilibra, excepto las pequeñas pérdidas

de calor registradas en el transcurso de todo intercambio

de información. Anfitrión angélico, aguarda

a la entrada sacudiendo partículas de nieve

de los hombros de los invitados, cada uno específicamente

sumado a la función para luego restarse

de la posibilidad más fría de la noche.


Einstein él nos dice en su exposición,

entibiando sus alas frente a la chimenea,

su fe inflamada ante la triste conclusión de que x

debe ser igual a más de lo que jamás sabremos,

creyó que dos naturalezas complementarias —llevadas

a los extremos más distantes del universo—

pueden intercambiar aquello que los complementa en un

instante inconsútil.


Mas nadie lo ha comprobado; nuestros instrumentos

carecen del tiempo y del mundo necesarios para demostrar

la lógica angélica. Aún así Einstein advirtió:

Miro tu mirada a través de la habitación

y en esa mirada conjugamos cada instante

del tiempo presente. A través de este espacio exterior

intercambiamos pérdidas involuntarias de calor.


Mientras uno a otro nos miramos las alas,

otros comen y beben para colmar el silencio

que viaja desde las solitarias nebulosas

hasta desvanecerse en destellos

de conversación y constelaciones de viandas.

Pero entre tú y yo, el silencio evidencia

nuestro amor por leyes que no se pueden romper, ni probar.

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jueves, 4 de marzo de 2010

doce poemas de Miguel Hernández II

Primer viaje a Madrid

No es feliz en su primera estadía en la capital. En apenas 5 meses reconoce el duro camino de la literatura y lo difícil que resulta vivir de ella. El viaje es antecedido por una carta elocuente que le dirige a Juan Ramón Jimenez (la epístola está fechada en noviembre del '31 y no se conoce respuesta ni concecuencia alguna) pidiéndole asilo y manutención durante su estadía en Madrid.
Hernández descubre, ya en la capital, la impronta poética del momento (la que luego sería uno de los factores comunes de la Generación) a la que se adscribe casi inmediatemente, y que a su vuelta a Orihuela plasmará en "Perito en lunas"
Este es un poemario curioso incluso para la época, se compone de 42 octavas reales sin títulos ni separaciones en su primera edición (luego esto es modificado por el poeta y más a delante también por la crítica y las ediciones), lo que daba la idea de estar frente a un extenso poema continuo de una influencia gongorina ineludible, culta y compleja, pero, a pesar de ello, con una adaptación llamativa al mundo personal y local de la vida oriolana, su realidad, sus costumbres y su entorno. Aunque la primera edición cuenta con el prólogo de Ramón Sijé, no recibe reconociento alguno, desatando la ira poética de Hernández (demostrado en más de una carta a Lorca) y un dolor importante en su orgullo personal, que será motor se sus siguienetes versos.
Dejamos dos octavas del poemario, (que publicamos tal y como lo hizo Hernández en su edición inicial, sin numerar ni nombrar) Toro y Torero en palabras del poeta ante las luces de la luna.
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. ¡A la gloria, a la gloria toreadores!
. La hora es de mi luna menos cuarto.
. Émulos imprudentes del lagarto,
. magnificáos el lomo de colores.
. Por el arco, contra los picadores,
. del cuerno, flecha, a dispararme parto.
. ¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,
. -golfo de arena,- en mis bigotes de oro!
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......Por el lugar mejor de tu persona,
......donde capullo tórnase la seda,
......fiel de tu peso alternativo queda,
......y de liras el alma te corona.
......¡Ya te lunaste! Y cuanto más se encona,
......más. Y más te hace eje de la rueda
......de arena, que desprecia mientras junta
......todo tu oro desde punta a punta.

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