viernes, 2 de abril de 2010

doce poemas de Miguel Hernández III

Sabida es la lucidez poética de Miguel Hernández y su naturaleza ecléctica, también fuimos develando a lo largo de los anteriores poemas y cartas que están publicadas del poeta que existía una necesidad intrínseca relacionada a su don natural; él quería abandonar su vida cabrera de la mano de la poesía, y en ese camino, exploró varios campos, a su primer viaje a Madrid, previamente a "Perito en Lunas", lleva un manojo de poemas muy locales que no son bien recibidos por la vanguardia cultural, ni en lo ámbitos literarios, a su vuelta entre la desilución y la rabia escribe ya con los tópicos de la época el poemario (1933) que es prologado y publicado por Ramón Sijé (hecho muy significativo y nada casual) a este libro le sigue un largo silencio en el que Hernández escribe sus poemas más variados (la mayoría de ellos quedaron muchos años sin publicar y sólo un puñado fueron escogidos y corregidos por el Hernández adulto para su publicación: octavas reales, décimas guillenianas, sonetos clásicos, poemas de amor y algún atisbo de lo que será su poetica comprometida y lúcida de la mano de Residencia en la Tierra de Neruda, que llegará algunos años más tarde) aquí vale preguntarse si esa diversidad poetica era producto de su busqueda de madurez poética o simplemente una desesperada busqueda del complice o padrino que le ayude a salir de ese mundo que detesta. Los críticos con el pasar del tiempo fueron reagrupando esos poemas sueltos como silbos, y uno de ellos, el mas curioso y desconocido quizás del poeta oriolano, está dedicado a su cristanismo primitivo y de éste es tomado el soneto que compartimos con vosotros.

A MARIA SANTÍSIMA
(En el de la Asunción)

¡Tú! Que eras ya subida soberana,
de subir acabaste. Ave sin pío
nacida para el vuelo y la luz, ya río,
ya nube, ya palmera, ya campana.

La pureza de lilio sintió frío;
y aquel preliminar de la mañana
aire ¡tan cancelado! en tu ventana,
sin tu aliento ni olor quedó vacío.

¡Todo! Te echa de menos: ¿qué azucena?
no ve su soledad sin tu compaña,
ve su comparación sin Ti en el huerto…

Quedó la nieve, sin candor, con pena,
musitándole el perfil a la montaña;
subiste más, y viste el cielo abierto.

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