A menudo, los sonetos hay que leerlos más de una vez. Su estructura clásica y musical distrae gratamente del mensaje, a la vez que deja una sensación de producto acabado. Pero los buenos sonetos son algo más que un ejercicio de ritmo y rima, como se demuestra en este profundo poema de Rosa Chacel, una no muy conocida poeta de la generación de la República. Está dedicado, además, a otra escritora y amiga de la época. La primera vez que se lee parece bonito, la segunda se descubren múltiples detalles, a la tercera se manifiesta una joya.
(por cierto un alcotán es una ave rapaz parecida a un halcón)
Si el alcotán anida en tus cabellos
y el Nilo azul se esconde en tu garganta,
si ves crecer del zinc la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,
no cierres el ocaso con los sellos
que el Occidente en su testuz aguanta:
tiembla ante el cierzo y el nublado espanta.
Si oyes jazmines corre a través de ellos.
Yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio, impenitentes,
y que al cruzar su senda de delicias
mariposas nocturnas te persiguen,
se abren bajo tus pies simas ardientes
donde lloran cautivas tus caricias. Read more...

