miércoles, 12 de mayo de 2010

doce poemas de Miguel Hernández IV

El Rayo que no cesa

Poco antes de la guerra civil, llegará El rayo que no cesa, para algunos, la obra más acabada de Miguel Hernández. Es un poemario compuesto básicamente por sonetos y que muestra su cambio defintivo: de su poesía religiosa y de orientación clasicista a las formas poéticas de vanguardia. Y es que en la vida y en la obra de Miguel todo ocurre de forma rápida e intensa: sus momentos vitales, sus cambios de orientación política, sus etapas creativas....
Cómo diria Juan Ramon Jiménez: “El rayo que no cesa es Miguel Hernández mismo. Si sigue así este rayo, ¿dónde llegará él, dónde llegará, con él, la poesía española de nuestro siglo?”. La guerra y sus cárceles no nos dejarán responder a esta pregunta.
Pero justamente El rayo que no cesa es una muestra de esa intensidad, a veces incluso violenta. Un poemario dedicado al amor, pero también a la muerte y al dolor, con la simbología del rayo como una fuerza que atraviesa cada uno de los poemas.
Aquí os dejo el segundo poema que justamente es una muestra de esa pasión que habita en el corazón del poeta, remueve sus entrañas y contamina al que lo lee.

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?

Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas veces nos ha hecho notar Esteban que la clave de un poema se encuentra en un verso, o incluso en una palabra. En este yo lo veo claro: el primero del primer terceto. Llegar a parir la expresión "el rayo que no cesa" no está al alcance de cualquiera, demuestra una sutileza poética en la que radica el genio.

Ahora vendrá la guerra, y todo cambiará. Él, sin embargo, aún no lo sabe (es lo que tienen los hechos históricos, que aunque ahora parecen evidentes en su día podían ser impensables), él está a lo suyo, y lo suyo es el verso puro.

P

Anónimo dijo...

que bonito, pedro, que bonito.

Raul Gonzalez Tuñón, admirador y coetaño de Hernández, dijo que para estar enarbolado en un rayo, parecía estar muy seguro. creo que la grandeza de muchos artistas radica en esa capacidad para eludir al tiempo e incluso anticiparse a él.

nos espera el mejor Hernández, y con gusto.

saludos

esteban