Cuando estalla la Guerra Civil Española, Miguel Hernández toma parte inmediatamente del lado de la República, hasta el punto de alistarse para ir al frente. Durante la efervescencia de los primeros meses de guerra e influido por el espíritu libertario, escribe los poemas que conformarán "Vientos del pueblo". Son poemas de barricada, de arenga, capaces de inflamar el pecho del que los escucha. Durante mucho tiempo estos poemas fueron los más conocidos del poeta de Orihuela.
Como ejemplo el que presentamos hoy: en Mayo de 1991 Rafael Alberti a la lectura y Paco Ibáñez cantando y a la guitarra dieron un recital de poesía en que repasaban la poesía española de todos los tiempos. Al llegar al siglo veinte no pudieron menos que homenajear a Miguel Hernández, eligiendo un poema de Vientos del Pueblo. Os dejamos aquí el texto y el audio de Alberti recitándolo, sin duda un documento sonoro al nivel que el mismo poema.
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.
No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.
¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?
Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extremeños de centeno,
gallegos de lluvia y calma,
catalanes de firmeza,
aragoneses de casta,
murcianos de dinamita
frutalmente propagada,
leoneses, navarros, dueños
del hombre, el sudor y el hacha,
reyes de la minería,
señores de la labranza,
hombres que entre las raíces,
como raíces gallardas,
vais de la vida a la muerte,
vais de la nada a la nada:
yugos os quieren poner
gentes de la hierba mala,
yugos que habéis de dejar
rotos sobre sus espaldas.
Crepúsculo de los bueyes
está despuntando el alba.
Los bueyes mueren vestidos
de humildad y olor de cuadra;
las águilas, los leones
y los toros de arrogancia,
y detrás de ellos, el cielo
ni se enturbia ni se acaba.
La agonía de los bueyes
tiene pequeña la cara,
la del animal varón
toda la creación agranda.
Si me muero, que me muera
con la cabeza muy alta.
Muerto y veinte veces muerto,
la boca contra la grama,
tendré apretados los dientes
y decidida la barba.
Cantando espero a la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas.
martes, 6 de julio de 2010
Doce poemas de Miguel Hernández V
Audio del poema, recitado por Rafael Alberti.


La enumeración "comunitaria" siempre me ha dejado un poco frío. Y creo que cumple más una función de arenga y de hermanar y aunar al pueblo que una verdadera función poética. Sin embargo, lo que viene después me encanta. Ese situar paradójicamente el crepúsculo en la mañana, para decir que el fin llegará con las primeras luces, cuando las tropas empiecen a matarse.
V
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