viernes, 13 de enero de 2012

XII poemas de Juan Gelman

Juan Gelman (Buenos Aires 1930) poeta, periodista, militante incansable, es uno de los escritores hispanos más grandes de nuestro tiempo. Aún siempre fiel a su estilo, su lírica se ve modificada a través de su obra por su propia madurez , pero también por sucesos externos que no se pueden prescindir a la hora de entender algunos matices de sus poemas: el grupo literario Pan Duro, su militancia en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), en el peronismo revolucionario y en las guerrillas organizadas, la desaparición de sus hijos, su yerno y su nieta durante la dictadura argentina, su exilio, su búsqueda inalterable de la verdad y la justicia, son pilares de una poesía intransigente que nunca baja el lenguaje para ser popular pero que es, a la vez, esencialmente social.


Este año desde el blog de serendipia dedicaremos un poema al mes a la difusión de la obra y la persona del poeta argentino, y comenzamos con un poema del Gelman más lejano (temporalmente hablando) más desposeído de los condicionantes que lo empujaron a tener una voz única en la poesía contemporánea, pero no por eso despojado de esa lírica social y contundente. Del libro “Velorio del solo” (Buenos Aires, 1961) el poema que le da nombre…


Velorio del solo

Especialmente anda preocupado
por el tiempo, la vida, otras cositas como ser
morir sin haberse alcanzado a sí mismo.

En esto era tenaz y los días de lluvia
salía a preguntar si lo habían visto
a bordo de unos ojos de mujer
o en las costas del Brasil amando su estampido
o en el entierro de su inocencia (muy particularmente).

Siempre tuvo palabras o pálidos y pobres pedazos
de amores sin usar, de grandes vientos,
trece veces estuvo por entrar a la muerte
pero volvió, de acostumbrado, decía.

Entre otras cosas quiso
que alguno más entendiera este mundo
con lo que horrorizaba a la propia soledad.

Hoy lo velan tan espantosamente aquí mismo,
entre estas paredes por las que resbalan todavía sus
puras maldiciones,
desde su rostro cae el ruido de las barbas aún vivas
y nadie que lo huela
llegará a imaginar cómo deseaba gozar con el misterio
del amor inocente,
darle agua a sus niños.

Mientras devuelve la piel y los huesos prestados al
descuido
mira a lo lejos su figura y se persigue
por lo cual sin duda pronto
va a empezar a llover.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Madre mía, si este es el Gelman joven, como será el maduro!
Este es un gran poema, fuerte y delicado a la vez, romántico y pensado a la vez.
Nos lo vamos a pasar pipa con Gelman.

P

Anónimo dijo...

es un poema un poco significativo de Gelman, la cotidaneidad, el barrio, el amor aparecen como arropando al Tema, así con mayúsculas, creo que la clave está en los primero dos versos. Pero como recomendación la lectura de este poemario es clarificadora de la voz de aquel Gelman joven.

Esteban

Anónimo dijo...

¿horrorizar a la soledad?
¿navegar en los ojos de una mujer?
¿amores sin usar?
brutal, genial.
javi